"El viento ha rolado esta noche al este. Mal viento. La arena entra en mi habitación por las junturas de las ventanas, las rendijas de la puerta y el ojo de la cerradura. Está anegada, como de polvillo de mariposa, solamente es perceptible en los dientes, en el respirar, en el tacto de las teclas de la máquina de escribir, en una cierta aspereza que tiene el satinado de los papeles y en la irritación de los lacrimales. Flota, se reposa un instante y vuelve a flotar, delicada e invisiblemente aérea. Es el hálito de la tormenta que mueve el mar y alborota los arenales de la isla trastocando su orografía de dunas. Pero no es arena de esta isla. Viene de África acompañada de pequeñas plagas de mosquitas mo mayores que motas y a veces de las grandes formaciones de langostas que hierven en las canchales saharianos."